Aquí en la playa, de vacaciones, viendo a mis hijas disfrutar del mar y de la insólita libertad a su edad de poder disfrutar de las noches de verano, es muy sencillo para mí recordar a la Laura que fui cuando todo era eso: libertad, sueños e ilusiones, cuando tenía toda la vida por delante y no cabía en mi cabeza imaginarme como otra cosa distinta a una triunfadora.

Después me topé de frente con un mundo diseñado para robarme los sueños, para transformar mis deseos a capricho de la alienación del mundo adulto.

Así busque, por ejemplo, no defraudar las expectativas de los que dijeron que tenía grandes capacidades: intenté ser una gran profesional,. También traté de ser aquella chica con la “cabeza” bien asentada, como quería mi padre, aquella mujer que mi marido dice vio en mí cuando me conoció, la esposa que quiere mi suegra para su hijo o aquella madre divertida y dedicada que quieren mis hijas que sea… deje de ser la auténtica Laura para pasar a ser la Laura que todos esperaban y dejé de confiar en mí misma, me olvidé de mi libertad, de mis sueños y mis ilusiones.

Y para sobrellevar eso de ser quien no soy caí en la trampa de buscar fuera lo que siempre, desde esos veranos de mi infancia, había estado dentro… mi propio criterio, mi libertad, mis sueños, mis ilusiones y el convencimiento de que soy una triunfadora… pero el hecho es que lo soy, soy una triunfadora porque no hay mayor premio que recuperar las riendas de tu propia alma.

Miró a mis hijas, jugando con las olas como cuando yo lo hacía, admirando en cierto modo el hecho de que tengan toda la vida por delante. Observando su alegría y esa autenticidad infantil que aún conservan sólo espero:

  • Que otorguen siempre más importancia a lo que ellas esperan de sí mismas que a lo que esperemos de ellas los demás.
  • Que actúen en consecuencia con coraje y dignidad
  • Que para conseguir algo comiencen siempre por imaginárselo con todo lujo de detalles, confiando plenamente en su capacidad de hacerlo realidad.
  • Que son dos reinas y que nunca deben permitir que les roben la corona ¡y menos quitársela voluntariamente por nadie!… ¡nunca!.

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