Ya se han acabado, llevan presentes en mi vida las últimas semanas y ¡por fin! se han acabado, y digo por fin porque su presencia resta importancia a mi presente… ¡y ya está bien!

La Nochebuena llega con toda la carga del espíritu de las navidades pasadas para hacernos creer que cualquier tiempo pasado fue mejor, disfrazando con una luz melancólica nuestros recuerdos y alejándonos de lo que verdaderamente deberíamos vivir y disfrutar, que es el presente.

Y después la Nochevieja, en la que con el nuevo año pasamos de mirar al pasado a centrarnos en los propósitos de futuro… olvidando una vez más nuestro presente, ahogándolo en brindis para poder asimilar todas las emociones que nos produce tanto viaje en el tiempo.

Desde mi punto de vista estas fiestas son un auténtico atentado contra el presente, termino que, curiosamente, es sinónimo de regalo… y así el 6 de enero sustituimos el presente por regalos, pero ya no nos hacen felices ¿verdad?, porque lo que buscamos realmente es saber disfrutar de lo único que realmente tenemos, nuestro PRESENTE.

Hoy para mí es un día de volver a mi presente y disfrutarlo, de abandonar el espejismo, porque el pasado nunca volverá y porque lo único que realmente sabemos del futuro es que será distinto, aunque lo que realmente temamos es que siga siendo igual.


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