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He escrito mi primer cuento, ha sido impulsada por un taller de escritura creativa, pues siempre me apeteció hacer un curso de este tipo, y este verano ha sido un buen momento. Os dejo aquí las primeras líneas y el enlace para descargarlo en pdf y leerlo más comodamente. Espero que os guste, ya me diréis. Yo me siento muy contenta de haber logrado escribirlo 😉

«A la plaza llegó un camión lleno de jaulas. Pude ver el contenido desde la distancia porque aún no había terminado de anochecer cuando el conductor abrió la trampilla para que los hombres lo revisaran. Las jaulas estaban vacías, y a primera vista se distinguían dos tamaños, unas muy pequeñas, como las que se usan para roedores, y otras más grandes, que bien podrían ser para un animal de tamaño medio… Estas últimas me despistaron un poco, pero de lo que no tuve ninguna duda era del destino de las pequeñas (ya que hacía tiempo que no veíamos roedores por la comarca): eran jaulas para atrapar hadas.

Desde hace un tiempo se sabía en el pueblo que las hadas rondaban por el bosque, era algo de lo que no se hablaba, ya que no era un tema digno de ser tratado por los hombres en las tabernas, y ninguna mujer quería poner en voz alta su opinión, pues aunque en el fondo todas supieran la verdad, no había ninguna que no sintiera el miedo a ser señalada por el resto. Yo alguna vez intenté hablarlo con mi madre, pero ella me cortó rápidamente: 

“¡Irene, que sea la última vez que hables de estas tonterías, que ya vas siendo mayorcita!” 

También sacaba el tema con mis amigas, más abiertas a creer en estas cosas, pero no me hacían mucho caso, más preocupadas por acicalarse para llamar la atención de los chicos. Intenté comentar el asunto con ellos, pero también lo esquivaban, así que me callaba y trataba de ser admitida en ambos grupos.  Antes siempre estábamos juntos chicos y chicas, jugando en las canchas deportivas junto a la piscina, trepando por los árboles de la dehesa o incluso bailando los últimos éxitos con el “Just Dance” en la increíble tele de Mario, que ocupaba casi toda la pared de su salón. Sin embargo, desde que comenzamos el instituto las cosas eran muy diferentes: la adolescencia nos estaba separando, y yo no tenía nada claro en qué grupo quería estar: con las chicas me aburría como una ostra, y no me sentía del todo cómoda con los chicos, pero disfrutaba paseando solitaria por el pueblo, observando a las gentes y tratando de vislumbrar a las hadas, tal vez fue por eso por lo que aquella tarde pude ver las jaulas.

La primera noche tras la llegada del camión no pude dormir, intrigada por el asunto. Pese a ser junio, ya hacía mucho calor, por lo que deje abierta la ventana de mi habitación para que entrase algo de aire. Poco después de la medianoche pude escuchar a lo lejos las voces de un grupo de hombres : 

“Es inutil tío, llevamos horas agazapados con estos putos cazamariposas y ni siquiera sabemos si realmente existen… ¡Si no podemos ni verlas, ¿cómo vamos a cazarlas?

“Tienes razón, hay que pasar al plan B: vamos a colocar las jaulas grandes en la cripta de la iglesia de la montaña, allí es donde llevaremos a las chicas”

Esta última frase aumentó sobremanera mi preocupación y de inmediato comprendí la situación. Según había podido leer en internet, las hadas nacen en el interior de las niñas, y crecen en ellas junto a su corazón hasta que llegado un momento, en torno a los 15 años, las abandonan y comienzan su vida en el bosque… Tal vez los hombres que había escuchado pensaban que el mejor momento para capturar a las hadas era justo en ese abandono, y puede que supieran cómo provocarlo. Ahora que había descubierto su plan, tenía que hacer algo para impedirlo ¡¿pero qué?!, yo nunca había destacado por ser valiente, más bien al contrario, prefería aguantar cualquier cosa antes que afrontar un conflicto… ¡si me sentía acobardada en una discusión con cualquiera en el instituto ¿cómo iba ahora a afrontar esta situación?!. Pensé que sólo podía hacer una cosa: pedir ayuda…»

 

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